Una calle de Asunción recuerda a Simón Bolívar, quién liberó del dominio español a seis países americanos
Como continuación de la serie de entregas sobre los nombres de las calles de Asunción y la historia que encierra cada una de esas denominaciones, elaborada por la señora Evanhy de Gallegos, se brindarán datos sobre el libertador del yugo español de seis países americanos, Simón Bolívar, a quien con una arteria capitalina se rinde homenaje.
Por la Ordenanza Nº 512 de 1941, se llama Simón Bolívar la calle conocida como Primera Proyectada, primera calle paralela al sur de la avenida Gaspar Rodríguez de Francia. La misma es continuación de Lugano, al este del eje de nomenclatura Independencia Nacional, hasta la avenida Estados Unidos. Es paralela a la calle Avay, en el barrio General Díaz.
Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco, nació en Caracas, el 24 de julio de 1783.

Conocido como “El Libertador de América”, era hijo de Juan Vicente Bolívar y Ponte y María de la Concepción Palacios y Blanco.
Quedó huérfano a temprana edad. Su madre murió de tuberculosis, entonces incurable.
Simón Bolívar lideró las luchas por la libertad del dominio español de seis países americanos: Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia.
El 19 de enero de 1799 viajó a España, para continuar su educación, tenía 16 años.
En Madrid, a los 19 años, contrajo nupcias con María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza. Era un adolescente, quién después de tres años y medio, en 1802, ya casado y rico por herencia familiar, retornó a Caracas.
Los Bolívar tenían plantaciones de cacao, hatos de ganado y azúcar en el ingenio de San Mateo. Solo nueve meses duró el matrimonio, muriendo Teresa de paludismo.
Viudo, en 1803, nuevamente fue camino a Europa. En Madrid y en París tuvo dos amores apasionados y escandalosos, con mujeres casadas que no pudieron retenerle.

Por los cambios políticos de España, que iban a repercutir en América, retornó para luchar por la independencia. En 1807, en la cima del Monte Sacro, había jurado libertar su tierra de los españoles.
En 1811 se declaró la independencia venezolana de la Primera República y el patriota Bolívar fue enviado a Londres para buscar apoyo inglés para la lucha encarada.
Los españoles retomaron el poder un año después y, desde Cartagena, que quedó en manos de los patriotas, inició con algunos indios y campesinos la lucha por el desalojo español.
Con esa clase de gente enfiló hacia los Andes, entusiasmando a hombres casi desnudos que atravesaron el llano (semejantes a los esterales del Ñeembucú, durante la Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza), para subir a la montaña, con fríos mortales, con campesinos a pie, armados solo con lanzas.
Durante 15 años participó en 472 batallas. Fue derrotado solo seis veces, de las cuales 79 fueron grandes batallas. Tuvo riesgo de morir en 25 de ellas. Fue jefe de Estado en 5 naciones.
En 1815, redactó “la Carta de Jamaica”,en la que expuso la idea de formar una sola Nación, que confederase los diferentes estados en solidaridad continental, desde México hasta la Argentina, hasta La Patagonia decía.

Con el proyecto en mente creó y gobernó “La Gran Colombia”, desde el 17 de diciembre de 1819 hasta 1830, con los actuales países: Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá.
Bolívar luchó con valentía durante quince años, siendo presidente de la Gran Colombia y, al mismo tiempo, combatiente en Cúcuta en 1813, Bocayá en 1819, Carabobo en 1821, Pichincha en 1822, Junín en 1824 y Ayacucho en 1824, terminando con el dominio español en América.
En 1825, las ex provincias del Alto Perú se constituyeron en Bolívar, en su honor. Es la actual Bolivia.
El 22 de junio de 1826, convocó a un Congreso en Panamá para seguir sumando naciones al proyecto de una sola Nación. No tuvo el éxito esperado.
Cuando en 1828 fue declarado Dictador, atentaron contra su vida. La historia cuenta que Manuela Sáenz, su pareja, le salvó.
La libertadora del Libertador

Conoció a Manuela Sáenz de Thorne en Quito cuando, tras la batalla de Pichincha y la derrota de los españoles por parte de Antonio José de Sucre, llegó Bolívar cubierto de gloria.
Lo esperaba en Quito el pueblo que le arrojaba flores a su paso.
Antes, y por declaraciones del mismo Bolívar, había sido acompañado por 37 parejas. Incluso hubo algunos hijos. Siempre hubo mujeres que lo enamoraron y le acompañaron incluso en batallas.
Manuela Sáenz tenía 24 años, casada con el médico inglés James Thorne.
Era una patriota. Nada menos que el general San Martín le había dado el título de “Caballeresa de la Orden El Sol del Perú”.
La joven le arrojó un ramo de rosas que golpeó el pecho de Bolívar y, desde el baile de la noche, ya no se separaron. Manuela dejó a su esposo y hasta 1830, en que murió Bolívar, vivieron un apasionado romance donde la política también los unió.
En 1830, Simón Bolívar fue obligado a renunciar a gobernar “La Gran Colombia”. Las conspiraciones y asesinatos políticos le amenazaban.
Intentó ir a Jamaica, pero lo desembarcaron en Santa Marta. Se había convertido en un saco de piel y huesos por la tuberculosis. Murió en una casa prestada por el español Joaquín de Mier. Tenía 47 años.
Manuela Sáenz, desterrada, murió de difteria y pobre.
Imposible resumir en tan pocas líneas una vida tan intensa como la de Bolívar: muertes, alegrías, traiciones, angustias, esperanzas y un carácter fuerte con decisiones inteligentes, que permitieron que seis países de América se liberaran del dominio español.
El doctor Francia, amenazado por Bolívar
El gobernante de Paraguay de ese tiempo, doctor Gaspar Rodríguez de Francia, tuvo diferencias irreconciliables con Simón Bolívar, cuando éste le exigió la libertad de Jacques Bonpland, desterrado en Santa María de Misiones, por robo en los yerbales de Misiones, actual Argentina, entonces territorio del Paraguay.

La nota fechada el 28 de julio de 1828, venía dirigida al jefe de gobierno de la “Provincia del Paraguay”, menospreciando la soberanía del Paraguay.
En el Paraguay, históricamente las amenazas armadas siempre vinieron de los países fronterizos: las Provincias Unidas del Río de la Plata, Argentina, el Brasil y su emperador y hasta de Bolivia. La Independencia Nacional paraguaya se había logrado sin derramamiento de sangre.
