Una calle de Asunción recuerda la leyenda de “El Dorado”, región de América del Sur que atraía a los conquistadores por sus riquezas
Como continuación de la serie de entregas sobre los nombres de las calles de Asunción y la historia que encierra cada una de esas denominaciones, elaborada por la señora Evanhy de Gallegos, se brindarán datos sobre el motivo por el cual una arteria capitalina se denomina El Dorado.
Por la Ordenanza Nº 649 de 1942 El Dorado es la primera calle paralela al sur de la avenida España, próxima a la avenida Brasilia, donde nace y se dirige al este hasta la calle Alfredo Núñez, en el barrio Mariscal López.

El Dorado fue una famosa región de América del Sur, que atraía a los conquistadores españoles del siglo XV y XVI por sus fantásticas riquezas.
Estuvo ubicada entre el Perú y la actual Bolivia, Charcas, Potosí, los Andes Colombianos, Guayana y Bogotá, de donde se contaba de un cacique que en la laguna Guatavita se bañaba cubierto de polvo de oro.
El deseo de llegar a esas regiones mineras dio lugar a todas las expediciones. El Dorado fue “una pompa de jabón”, al decir del Doctor Manuel Domínguez.
Quedó en la historia del Paraguay, por haberlo contado algunos sobrevivientes de la expedición de Alejo García de 1524, que El Dorado era un cerro que proyectaba con su brillo los metales en el territorio de Charcas. Se trataba del cerro Potosí, cuyo color plata brillaba al sol.

Informaron los sobrevivientes que descubrieron una montaña llamada Potojchi, que derivó luego en Potosí, cuyo significado es “cerro donde brota la plata”, de cuatro mil metros de altura.
Julia Velilla Laconich dice en su libro “Paraguay, un destino Geopolítico”, que “entre los años 1545 y 1558, los españoles explotaron 5.000 minas. Y que hasta 1660 se exportaron 16 millones de kilos de plata, cifra que, en un poco más de un siglo y medio, excedía tres veces el total de las reservas de Europa”.
Y Eduardo Galeano dijo que: “Ni los tesoros que Alejandro Magno volcó al mundo helénico podían compararse en magnitud con la riqueza que América proporcionó a Europa”.
Quedó acuñada la frase: “Vale un Potosi” cuando, en 1605, salió la primera edición de “El quijote de la Mancha”, del prestigioso escritor Miguel de Cervantes Saavedra, que tuvo acogida en Potosí, ciudad de 160.000 habitantes, de los cuales 38.000 eran españoles.

Cuando en los siglos XV y XVI se produjo la conquista de las nuevas tierras mineras de producción de oro y plata, que formaron parte de la leyenda de El Dorado, los conquistadores consideraron un “plan de Dios” haber hallado las minas.
Los sacerdotes se dedicaron a conquistar almas y los conquistadores las riquezas por las cuales recorrieron América, donde “todo se teñía de oro”.
El Dorado, que al principio fue un engaño que inventaron los nativos para deshacerse de los españoles, fue una realidad que les hizo explotar 5.000 minas que enriquecieron a Europa durante la conquista.
