Una calle de Asunción recuerda al sacerdote Justo Carmelo Román Delvalle, quien estaba entre los asesinados protectores del Tesoro de la Nación en 1870

Como continuación de la serie de entregas sobre los nombres de las calles de Asunción y la historia que encierra cada una de esas denominaciones, elaborada por la señora Evanhy de Gallegos, se brindarán datos sobre la vida del presbítero y profesor Justo Carmelo Román Delvalle, quien estaba entre los asesinados protectores del Tesoro de la Nación en 1870, por lo que con una calle capitalina se le rinde homenaje.

Por la Ordenanza Nº 6117 de 1967, es la calle paralela al norte de la avenida España.  Se inicia al oeste en la calle Dr. Ricardo Odriozola y se dirige al este hasta la calle Comandante Luis González.  Es paralela a las calles Nuestra Señora del Carmen al norte y al sur a Luis Migone, con cinco cuadras de extensión en los barrios Santo Domingo y Manorá.

Datos sobre su vida

El presbítero Justo Carmelo Román Delvalle nació en Asunción en 1824, hijo de Vicente Román y de María Pabla Delvalle.

Fue ordenado sacerdote el 17 de marzo de 1854, por Monseñor Basilio López.

Fue cura párroco de la iglesia de La Encarnación y canónigo del Senado Eclesiástico desde el 11 de marzo de 1863. 

También daba cátedra en el Colegio Seminario.

Era presidente del Congreso Nacional de 1865, que declaró la guerra a la República Argentina.

Fue provisor de Monseñor Juan Gregorio Urbieta y continuó en el cargo con Monseñor Manuel Antonio Palacios, hasta fines de 1867.

En plena guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, fue llamado por el Mariscal Francisco Solano López y nombrado Capellán del Ejército.

Pronunció una sentida oración fúnebre en el funeral del Gral. José Eduvigis Díaz.

En San Fernando, fue designado juez de sangre para juzgar a los comprometidos en la conspiración de 1868.  Tenía el grado de coronel de nuestro ejército.

El 4 de marzo de 1870, ya terminada la guerra, fue degollado por el enemigo brasileño, en las cercanías del lugar llamado Siete Cerros, sobre la margen derecha del río Amambay, entonces territorio paraguayo, en la actualidad territorio brasileño.

Allí el coronel Juan Bautista Delvalle, con seguridad su pariente por parte materna, ya que el apellido de su madre era Delvalle, estaba con las 200 personas que se rindieron al ejército brasilero, sin oponer resistencia, enterados de la muerte del Mariscal López.

Sin embargo, el brasileño mayor Vasco Acevedo Fleitas ordenó el exterminio de todos, incluidas mujeres y niños.  Y luego ordenó prender fuego al pajonal, para no dejar huellas del robo del tesoro de la Nación, que transportaba esa caravana.

Entre las víctimas estaba el sacerdote Justo Román Delvalle.

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