El capitán José Matías Bado, cuyo nombre recuerda una calle de Asunción, prefirió el suicidio a entregarse a los aliados de la Triple Alianza

Como continuación de la serie de entregas sobre los nombres de las calles de Asunción y la historia que encierra cada una de esas denominaciones, elaborada por la señora Evanhy de Gallegos, se brindarán datos sobre la vida del capitán José Matías Bado, quien prefirió el suicidio a entregarse a los aliados durante la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, por lo que con una calle capitalina se le rinde homenaje.

Por Ordenanza Nº 2314 del año 1951, se llama Capitán Bado la calle que arranca al noroeste en el arroyo Salamanca, cercano a la Penitenciaría Nacional de Tacumbú, y se desplaza hasta la avenida José Félix Bogado.  Está cortada en tramos por los arroyos Moroti y Ferreira.  La misma es paralela a la avenida Acosta Ñu al norte y a la calle Isla Poi al sur.

José Matías Bado nació en Guazucuá, Ñeembucú, en 1843, hijo de Felicia Bado, una mujer que aparece en la historia posterior como Residenta.

De joven, ayudaba a su familia en las tareas del campo, a cuidar ganado y sembrar.  Cuando se presentó en el cuartel de Humaitá como voluntario, apenas iniciada la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, se destacó por su habilidad como jinete y como baqueano.  El cabo Bado se convirtió en hombre de confianza del Mariscal Francisco Solano López.

Su presencia en batalla hacía temblar a los aliados.  Su especialidad era cortar cabezas enemigas.  Sabía utilizar el sable curvo y era especialista con el machete.  Montado a caballo incursionaba sableando a los enemigos y capturaba centinelas que aportaban datos.

La historia cuenta que se disfrazaba con uniforme brasilero y recorría campamentos aliados, regresando con importantes documentos.

Fue designado jefe de los “Aca Moroti”, por usar sombrero de paja, batallón de escoltas del Mariscal López.

Después de Tuyutí, el Mariscal López le pidió elegir siete hombres para la tarea de infiltración en los campamentos enemigos.  Se cubría con una capa de crin de caballo y hojas de palma como camuflaje.  En los esteros se sumergía desnudo y solo con un cuchillo entre los dientes.  Le llamaban “El Pombero” y “El ladrón de centinelas”.

Antes de la partida del Mariscal desde San Fernando hacia el Pikyrysy, tuvo la misión de cubrir la retirada.  Se ubicó en Yacaré, una Estancia de la Patria a orillas del arroyo afluente del Tebicuary, frente a San Fernando.

La historia cuenta que, al término de la guerra, la estancia pasó a nombre de la familia Stewart, del inglés que fue médico de la familia del Mariscal.  Figuraba a nombre de Venancia Triay de Stewart, quien la vendió a la empresa Liebigs y esta al empresario Guillermo Caballero Vargas, cuando la empresa se retiró del Paraguay.

En esta Estancia de la Patria murió el capitán José Matías Bado, cubriendo la retirada del ejército paraguayo hacia “Itá Ybaté”.

El 28 de agosto de 1868 Bado prefirió quedarse solo, ordenando a sus 200 hombres que quedaban, retirarse del frente de batalla, debido a la imposibilidad de defenderse ante los 4.000 aliados que les atacaban. 

Ametrallado, quedó mal herido sobre el cañón, rodeado de legionarios paraguayos al servicio de los aliados, quienes le ofrecieron unas libras esterlinas “para comprar cigarrillos”, y se negó.

Cuentan que los brasileros mojaban su pañuelo con su sangre, para absorber su valentía.  Lo llevaron prisionero a la Sanidad.

Fue visitado nuevamente por los legionarios con el general Benigno Ferreira a la cabeza y le ofrecieron libertad, a cambio de pasarse de bando.

Se volvió a negar y los echó de su vista.  “Esto lo hacemos no contra el pueblo paraguayo, es contra el dictador López”,le dijeron.

Bado los echó diciendo: “Quítense de mi vista, mercenarios”.  Esa misma noche se suicidó, arrancándose las vendas y desangrándose.   

El San Fernando donde murió Bado

Sobre los sucesos de San Fernando, cuya retirada cubrió Bado, se ha escrito mucho.

Este drama debe ubicarse en el Paraguay de 1868, amenazado por tres naciones con 40.000 hombres al frente y la posibilidad de recambio constante con los “camba” esclavos, que continuaban la lucha, contra 8.000 paraguayos que defenderían en diciembre de 1868, desde Itá Ybaté, la soberanía del país.

El resto del ejército paraguayo estaba dispuesto a morir antes que claudicar, frente a quienes venían a cumplir la expoliación del Paraguay por el Tratado Secreto de la Triple Alianza.

Busto del capitán José Matías Bado en Capitán Bado, Amambay.

San Fernando fue trágico porque la entrega y la deserción frente a los invasores se dio precisamente entre miembros de la propia familia del Mariscal López: hermanos, cuñados, embajadores, cónsules de naciones neutrales y comerciantes.

El pueblo se había juramentado en caer con la patria y López no podía flaquear en momentos tan críticos, por el solo prurito de los afectos.

La defensa, indudablemente, estaba incluso antes que la propia familia, deseosa de entregarse al enemigo para salvar bienes y la vida.

Los restos del capitán Bado descansan a 200 metros de la ruta Py 19 y a 2 kilómetros y medio del puente Capitán José Matías Bado, donde se erigió una cruz en su honor.

El lugar llamado San Fernando, fue tragado por las aguas del río Tebicuary, en su mayor anchura, en la desembocadura con el río Paraguay.

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