Una calle de Asunción se denomina Rubio Ñu, recordatorio erróneo del lugar donde se desarrolló la batalla de Acosta Ñu
Prosiguiendo con la serie de entregas sobre los nombres de las calles de Asunción y la historia que encierra cada una de esas denominaciones, elaborada por la señora Evanhy de Gallegos, se brindarán datos sobre la calle Rubio Ñu, que es un recordatorio erróneo del lugar donde se desarrolló la batalla de Acosta Ñu.

Por la Ordenanza Nº 649 de 1942 lleva la denominación Rubio Ñu un pasaje corto que se inicia en la calle Teniente Fariña y se extiende hasta la calle República de Colombia. La misma corre paralela entre las calles Capitán Figari y Pa’i Pérez, en el barrio Pettirossi.
Rubio Ñu fue la denominación errada del lugar geográfico donde se desarrolló “la batalla de los niños”, en los campos que fueran propiedad del portugués don Blas Acosta de Freire y Carvajal, casado con Isabel Cabañas de Ampuero.

La sanguinaria matanza tuvo lugar el 16 de agosto de 1869, en el partido de Barrero Grande, actual ciudad de Eusebio Ayala.
El “ñorairo guasu” de Acosta Ñu (conocido como Rubio Ñu), involucró a 20.000 soldados brasileños y 3.500 niños. En total, con ancianos y niños, los paraguayos eran 6.000 combatientes.
La confusión de llamar Rubio Ñu a Acosta Ñu, surgió por un poema escrito por el sacerdote Juan B. Tournedou, primer director del colegio San José, como homenaje a los niños muertos en la batalla del 16 de agosto de 1869.
Durante mucho tiempo se repitió el error de llamar Rubio Ñu al lugar de la batalla.
Rubio Ñu era otro campo, distante unos 10 kilómetros al este, en parte de las ex tierras de Acosta, adquiridas por el porteño Miguel Rubio y Díaz, su yerno, casado con la hija de Blas Acosta Freire. Rubio era un capitán que tenía estancia aledaña a la de su suegro.
La historia lo recuerda en documentos del Archivo Nacional de Asunción, que fueron dirigidos al gobernante Joaquín de Alos.
El general Francisco Isidoro Resquín llamó al lugar: Campo de Barrero Grande. El coronel Juan Crisóstomo Centurión lo denominó indistintamente Ñu Guazú, Rubio Ñu o Díaz Cue. El historiador Emilio O’Leary le llamaba Campo Grande.

Recién en 1948 el historiador Andrés Aguirre logró que, por decreto presidencial, se estableciera el Día del Niño y la sustitución de Rubio Ñu por Acosta Ñu.
Durante la batalla murieron 3.500 niños que estaban en la caravana que seguía a la del Mariscal Francisco Solano López, camino a Caraguatay. Las mujeres se refugiaron en los montes cercanos.
Los niños y adolescentes no necesitaron disfraces para parecer adultos, por más que circulen fotografías que no corresponden a esa batalla, de niños con unos curiosos uniformes, y se hablara de las barbas del pelo de choclos para imitar barbas. Fueron los aliados quienes necesitaron justificar la matanza de niños y recurrieron a esas imágenes inventadas.
En su gran mayoría estaban enrolados y, a pesar de sus edades, defendían la patria y a sus madres y hermanas que les acompañaban en la lucha titánica frente a la Triple Alianza.
La violación de mujeres por parte de los kamba (soldados brasileños), era una realidad que a los varones correspondía defender luchando por la patria.
Fueron encajonados en un campo de pajonales secos que ardieron al prenderles fuego, luego de la batalla de casi seis horas en la que lucharon contra los 20.000 aliados que los perseguían.

Recién en 2019, se inauguró el monumento a Acosta Ñu, que permite observar en primer plano el sitio del campo de batalla.
Antes, hubo que observar el sitio desde un mirador del Cerro de la Gloria, donde desde lejos, a varios kilómetros, se podía observar el sitio donde nuestros niños defendieron la patria.
