La calle Bartolomé de las Casas recuerda al sacerdote que procuró defender a los indios durante la Conquista Española

Prosiguiendo con la serie de entregas sobre los nombres de las calles de Asunción y la historia que encierra cada una de esas denominaciones, elaborada por la señora Evanhy de Gallegos, se brindarán datos sobre el sacerdote Bartolomé de las Casas, religioso que procuró defender a los indios durante la Conquista Española, por lo que con una arteria capitalina se le rinde homenaje.

Por la Ordenanza Nº 649 de 1942 se llama Bartolomé de las Casas la calle al sur de la avenida Eusebio Ayala, paralela a la calle Sacerdote Alonso Rodríguez al oeste y a la calle Fray Luis de Bolaños al este.  La misma es continuación de la calle Capitán Gaudioso Núñez, desde la avenida Eusebio Ayala hasta los límites con Lambaré, en el empalme con la calle Fray Luis de León, en el barrio Vista Alegre.

Datos sobre su vida

Bartolomé de las Casas nació el 11 de noviembre de 1484 en Sevilla, hijo de un comerciante emigrado de Francia.

Su nombre quedó en la historia ligado a la defensa de los derechos humanos de los indios durante la Conquista española.

Fue abogado, fraile dominico, sacerdote, obispo, teólogo, filósofo y hasta encomendero español, en los comienzos de su vida laica.

Su padre se había enrolado en el segundo viaje de Cristóbal Colón. A su vuelta le trajo de regalo un joven indio y entre ellos surgió amistad.

Acompañando a su padre, viajó con él rumbo a lo que se conocía como Las Indias en 1502, diez años después del Descubrimiento de América, y hasta tuvo una encomienda.

Fue el primer sacerdote ordenado en el Nuevo Mundo en 1512 y fue enviado a evangelizar en la conquista de Cuba, donde también tuvo encomienda, pero prefirió tener esclavos negros.

Vivió en La Española, actual República Dominicana y Haití.  Los indios a su servicio trabajaban en agricultura.

Conoció de cerca el exterminio de los indios.

En 1515 tomó conciencia del daño a los indios y renunció a sus bienes mundanos y a sus encomiendas y se trasladó a Santo Domingo, donde se vinculó con los sacerdotes dominicos.

En 1516 volvió a España y presentó: “Memorial de Agravios”, relato de la situación, siendo desoído.  En ese memorial, De las Casas dice que los indios deben ser sustituidos como mano de obra por los esclavos negros.

Integró después una reunión de personas sobre las reformas en la administración de las Indias de 14 puntos, que también fueron desoídas.

En 1521 estuvo por Puerto Rico.  En 1527 estudió leyes y teología y escribió “La historia de las Indias”.

En 1523 ingresó en la Orden de los Dominicos.

En 1534 misionó en Guatemala y Nicaragua.  Fue a México y partió a España, buscando solución al drama indígena y de los esclavos negros, ya que para entonces no estaba de acuerdo con ningún tipo de esclavitud.

En 1542 presentó en España las atrocidades cometidas con gráficas e ilustraciones, con el título: “Brevísima relación de la Destrucción de Las Indias”.

En una de las páginas se lee: “con respecto a la avidez del oro, si los demonios poseyeran oro, se encargarían de robarlo para sí mismos”.  También se lee: “No se debe dar a los indios en encomiendas”.

Gracias a sus escritos se tiene el mejor relato de ese tiempo sobre la actuación española, que exterminó y sometió a la población nativa.

Cuando en 1543 logró que se eliminen las encomiendas, fueron estas medidas tan impopulares en América, que hubo levantamientos y las leyes no se aplicaron.

También en 1543 fue nombrado Obispo de Chiapas, aunque entró en un conflicto por el tema de la esclavitud de los negros y se tuvo que marchar a Europa.  En 1547 llegó a España.

En 1550, el Rey Carlos I se apoyó en que el Derecho a la Conquista estaba justificado “para remediar los pecados de idolatría y contra natura de los indios, también por ser antropófagos”.

Se arguyó que los indios serían más fáciles de evangelizar si estaban encomendados.

En 1551 fue nombrado oficialmente “Protector de los Indios”.

Bartolomé de las Casas, en 1552, puso en imprenta nueve tratados de protección al indio, que recogen toda su doctrina expuesta en: “Brevísima relación de la destrucción de las Indias y de la Historia General de las Indias” y, a pesar de ser derrotado, cada vez lograba que más personas atendieran sus reclamos.

Murió en el convento dominicano de Madrid, el 17 de julio de 1566.

Lo valioso de su vida centrada en la defensa del indio y su humanidad y en la erradicación de las encomiendas, dejó para la historia sus relatos muy completos de la Conquista Española y de los abusos cometidos.

Inclusive relata que en la Isla Española “había cinco reinos, uno de ellos de Maguá”, con un cacique de gran fama llamado Guarionex, a quien conoció y a quien violaron a su esposa, y donde se hicieron grandes matanzas.

El nombre del cacique es un indicativo de la presencia cario – guaraní en el Caribe.

Con respecto a los sucesos del Río de la Plata (relacionados con la Provincia del Paraguay), entre los muchos relatos cita “el caso de un gobernador quién pidió a los indios de comer y como no lo hicieron, los mandó pasar a cuchillo”.

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